martes, 24 de marzo de 2015

Ya nada es como antes...

domingo, 13 de febrero de 2005
Guión de un monólogo
¿Cómo están ustedes? Hola, hola, hola. Muy buenas noches noches, a todos y a todas. Gracias por esperarme con tanta expectación, vamos, como siempre, ¿verdad? Aunque esto sea mentira, muchas gracias. Hoy voy a hablar sobre… mejor escuchar atentamente.

¡Uf! Vengo agotaito, mu cansao, y es que ayer salí de juerga, que hace diez o doce añitos, aguantaba del tirón todo muy bien, pero ahora, pisha, en la actualidad, casi que no. Es algo que, por muy divertido que parezca, se convierte en toda una odisea.

Para empezar, llegas a la discoteca de siempre, con tus amigos de siempre, para encontrarte... con lo de siempre, cohone... Hasta la música, es la de siempre. Entre la gente que ves, hay de todo un poquito. Tenemos al típico que se dedica a buscar las monedas que se te caen por la noche, al que se ha tragado la última película de Travolta y la de Fama e intenta, por todos los medios imitarla, y peor aun, al espécimen que se sienta en los sofás (más aburrido que la repetición de Médico de Familia) y que cuando le miran, pone una cara, aunque se parezca al Fary, de diversión total. Entonces visto lo visto, te vas a la barra a ver si la camarera tiene algo interesante y ligas un poco, aunque al final, como siempre, te comes los mocos...

Pero lo que es patético, es como ligan las mujeres en los bares... De entrada se acercan a ti diciéndote: - Oye perdona. ¿Perdona por qué?... Que se les pasa por la cabeza, que ya te están pidiendo perdón. 
Y bueno tenemos de todo en la viña del señor, eh... La típica divorciada que se te acerca: – Estoy muy sola, cariño, miamol, mi marido me ha dejado... Lo que te faltaba a ti ¿qué pasa que tengo cara de ONG
Ahora, cuando te giras, ves a una tía guapa, alta, con todos sus avíos bien puestos, que te clava su mirada. Y te sonríe. Y tú le sonríes. Y te guiña un ojo. Y tú vuelves a sonreír. Y viene hacía ti: - Perdona – siiii - ¿Me presentas a tu amigo? ¡¡Genial!! Me cago en la raza canina de to lo que se menea...
 
La noche va genial. Así que, como soy muy filosófico, quisiera aclararles a las mujeres, esa pregunta que no les deja dormir por las noches. ¿Por qué las mujeres van siempre juntas al baño? Solo falla en contadas ocasiones, como cuando la amiga se ha ido con el guaperas de turno, si es veranito, con el clásico chuloplaya, y no tiene otro remedio que ir sola.

Pero ahora, soy yo el que tiene ganas de desaguar. Y voy al servicio de caballeros cruzando todo el bar, como si fueras por la selva (porque todo el mundo sabe que los baños siempre están al fondo a la derecha, vamos sin discusión alguna). Cuando por fin llegas te encuentras una cola de unas quince personas y comienzas a bailar de una forma un tanto extraña, primero para no aburrirte y segundo para que no se te escape el pipí. Y siempre está el típico mamón que tiene ganas de hablar. Y a mí que me importa con quién has venido o con quién presuntamente te vas a acostar. Vamos, como si te la pelas, que será lo más seguro…

Bueno, por fin llegas y cuando estás dentro lo primero que ves es una charca de agua, llamémoslo así, con un juguillo de pisadas.


Primer problema, ¿dónde dejas el cubata, el refrigerio correspondiente? Como no ha venido nadie contigo, pues los tíos vamos solos a mear, te lo dejas encima del urinario, mientras tienes un asunto entre manos, así de basto.
Segundo. El abrigo que no dejaste en el guardarropa, por ahorrarte guita, y no solo quieres mear, sino hacer un poquillo de vientre, pues tanta tapa, tanta mezcla, te ha revuelto una mijilla las tripas. Y este invierno se llevan los abrigos largos, pero no están pensados para los meones o cagones nocturnos. Los hay de dos tipos: Si es de los de pico al final lo tienes fácil, porque metes la cabeza entre los picos y listo. Pero ¿y si no tiene? Bueno, como eres un hombre con recursos, te lo pones de bufanda. 
Y el tercer problema, el más gordo, la puerta. Nunca tiene pestillo. Tú necesitas intimidad, así que apoyas la cabeza para que no entre nadie. Y allí estás tú, con tu puto abrigo, el cubalibre apoyado en el wáter y la cabeza apoyada en la puerta. Pues no te sale ni el chorrillo, claro, ni la pringá, con tanto trajín. Recurres al viejo truco de abrir el grifo, pero s¡ el grifo… ¡está fuera! ¡venga, a ver si te atreves a salir! Al final creas tu propio sonido... y se apaga la luz que... ¡también está fuera! Encima no hay papel, así que metes la mano en el puto abrigo como puedes para coger un klínex. Total que te has manchado y te has puesto perdido. Así que, queridos míos, no preguntéis más detalles, porque ya eso es intimidad pura y dura.

Estimado e irrepetible púbico, digo público, el pescao ya está vendio por hoy y ya me voy por donde he venio. Muchas grachias a todos y a todas. Que la paz sea con todos ustedes, chao.