lunes, 27 de abril de 2015

Baños públicos de mujeres

miércoles, 31 de octubre de 2007
Guión de un monólogo
Hey, hola pecadores y pecadoras, hola también a los pulcros y recatados, masculinos y femeninos, siempre de forma cariñosa, eh... Muy requetebuenas noches, noches, señores y señoritas. Buenas noches otra vez a to er mundo. Vamos, saludos cordiales pa’to quiski. Hoy les voy a relatar la historia que me contó hace ya unos añitos, una amiga un poco íntima, ya sabéis...

Todo esto es verídico. Su mamá era una fanática de los baños púbicos, perdón, digo baños públicos. De chiquitita le llevaba al baño, le enseñaba a limpiar la tabla del inodoro con papel higiénico y luego ponía tiras de papel cuidadosamente en el perímetro de la taza. Hasta ahí es comprensible. Ojalá nuestros padres nos hubieran enseñado a los tíos a no salpicar en la taza. Cosa imposible, ya que nuestros padres eran los más gorrinos, siempre en el buen sentido de la palabra, eh... Pero vamos, que eran mu gorrinos.

Volviendo a mi amiga íntima y sus clases de limpieza de inodoro. Finalmente su santa madre la instruía: "Nunca, nunca te sientes en un baño público, no pongas nunca el pompis, en algo desconocido". Y me contaba, la pobre chiquilla, que luego le mostraba la posición, que consiste en balancearte sobre el inodoro en una posición de sentarse sin que el cuerpo haga contacto con la taza. Eso fue hace mucho tiempo, cuando mi amiga estaba en plena pubertad. Pero ahora me cuenta que aun hoy, en años más maduros, la posición es dolorosamente difícil de mantener cuando la vejiga femenina, está que revienta.


Cuando una tía tiene que ir a un baño púbico, otra vez, baño público, se encuentra con una cola de mujeres que hace pensar a las niñas, que los calzones de Brad Pitt están a la venta y a mitad de precio. Así se espera pacientemente y sonríe amablemente a las demás mujeres, que también están discretamente, cruzando las piernas.


Finalmente le toca el turno a mi amiga. ¡¡por fin!! Me contaba, que verificaba cada cubículo por debajo, para ver si no había patas, vamos, piernas. Todos los baños estaban ocupados. Finalmente uno se abre y se lanzaba casi tirando a la persona que va saliendo. Entraba y se daba cuenta que el picaporte no funcionaba (vamos, en los meaeros masculinos tampoco funcionan nunca), no importaba...


Me contaba y es verídico, que ya dentro colgaba su bolso del gancho que hay en la puerta, y si no hay gancho (nunca hay gancho), se lo colgaba del cuello, mientras miraba como se balancea debajo de su cuerpo, sin contar que se desnuca la correa que se colgó al pescuezo, porque el bolso de las tías siempre está lleno de mierdas, que fue tirando adentro -la mayoría de las cuales no usaría nunca, pero que las tenía por si acaso-. Vamos el 99% de las mujeres que hay en esta sala, saben que esto es cierto. ¿O no?


Pero volviendo a la puerta... como no tenía picaporte, solo tenía la opción de sostenerla con una mano, mientras que con la otra, de un tirón se bajaba las bragas, ahora ya sería tanga, vamos, digo yo, y tomaba la posición... Alivio... AAhhhhhh... Más alivio... AAhhhhhh... Ahí es cuando sus muslos empiezan a temblar...


Me decía que le encantaría sentarte, pero no tenía tiempo de limpiar la taza, ni la cubrió con papel, así que se quedaba en la posición, mientras sus piernas tiemblan tan fuerte que registrarían 8 en la escala de Richter, sin contar la salpicada finiiiiiita del chorro de pis que pega en la loza y que ¡¡¡le moja hasta las medias!!! ¡¡¡que seguramente, me decía, se iba a notar!!!


Para alejar su mente de esa desgracia, para secarse el chochete, buscaba el rollo de papel del culo, bueno, de papel higiénico, peroooo, ¡joooooder...! el rollo estaba vacío... Sus piernas tiemblan cada vez más. Entonces recuerda el pedacito de papel con el que se limpió hacia un rato la nariz. Eso tendría que ser suficiente. Lo arrugaba de la manera más esponjada posible. Pero es más pequeño que la uña de su dedo y encima todavía esta mojado de moco...


En eso, alguna tía empuja la puerta de su baño y como el cerrojo no funciona, recibe tremendo viandazo en la cabeza. Mi entonces chuski, le gritaba caliente: ¡¡¡ OCUPADOOOO !!!, ¡¡¡ COÑO !!!, mientras continuaba empujado la puerta con su mano libre y el pedacito de kleenex que tenía en la mano, se le cae exactamente en un charquito que hay en el suelo y no estaba segura si es agua o meao.... y se va de espalda y se cae sentada en el inodoro.


Se levanta rápidamente, pero ya es demasiado tarde, su peaso de culo ya entró en contacto con todos los gérmenes y formas de vida del asiento porque ella nunca lo cubrió con papel higiénico, que de todos modos no había, aún cuando hubiera tenido tiempo de hacerlo.


Sin contar el golpe en la cabeza, el desnuque con la correa del bolso, la salpicada del chorro en las piernas y en las medias, que seguro que todavía esta mojada... el recuerdo de su mamá que estaría avergonzadísima de ella, si supiera, porque su culito nunca tocó el asiento de un baño público, porque francamente me decía, "tu no sabes qué clase de enfermedades podrías agarrar ahí".


Pero la debacle no termina ahí... ahora el sensor automático del baño, estaba tan confundido que soltaba el agua como si fuera una fuente y manda todo al colector, con tal fuerza que se tiene que agarrar del tubo que sostiene el papel de baño (cuando hay) por miedo a que le vaya a chupar desde el pepe y vaya a aparecer en la China.


Aquí es cuando finalmente se rendía. Estaba empapada por el agua que salió del baño como fuente. Estaba exhausta. Trataba de limpiarse con un celofán de uno chicles Adams, luego sale incónspicuamente al lavamanos. No sabía cómo funcionan con los sensores automáticos, así que se limpia las manos con un gapo de saliva, se las seca con una toalla de papel y sale pasando junto a la línea de mujeres que aún están esperando con las piernas cruzadas, y en estos momentos ya era incapaz de sonreír cortésmente.


Un alma caritativa, al final de la línea, le dice que va arrastrando un trozo de papel higiénico (pegado a su zapato) ¡¡del largo del río Mississippi...!! ...Arrancó el papel del zapato, lo depositó rudamente, en la mano del alma caritativa, que le dijo que lo traía pegado a su zapato y le dijo suavemente: ¡¡¡Toma... puedes necesitarlo...!!!


En este momento, veía a su chico, es decir un servidor, que ha entrado, usado y salido del baño de hombres y que tuvo tiempo de sobra para leer Guerra y Paz mientras esperaba. "¿Por qué tardaste tanto?", le pregunté azorado. Aquí es cuando me da una patada en los huevos y me manda al carajo, vamos, a tomar por culo.


Este monólogo está dedicado a las mujeres de todas partes que han tenido que usar un baño público, es decir, todas. Y finalmente explico que a nosotros, los hombres, no debemos nunca de preguntar por qué ellas tardan tanto. Y si lo preguntas, cúbrete los cataplines, por si acaso.


Bueno público, el pescao ya está vendio por hoy. Gracias a todos y a todas. Muchas gracias amiguetes y hasta la próxima cita. Nuevamente,
saludos cordiales pa’to quiski.