domingo, 15 de febrero de 2015

Jugar a los médicos

sábado, 23 de octubre de 2004
Guión de un monólogo
Hola, muy buenas noches, noches, soy Jorge, no doy mis apellidos, porque, creo, que sólo voy a venir hoy. Si ven los que llevan el tinglao éste, que no se ríe ni Blas, que ni siquiera arranco una mísera sonrisa, aun siendo en plan hipócrita, creo que no me volverán a llamar. De todas formas, que no se preocupen, por Dios, que ya les llamaré yo. Eso, por descontao. Pero bueno, ya que estamos aquí, vamonos al lío, venga ya, vamos que nos vamos...

Quien haya entrado en mi correo electrónico, que no lo voy a dar a desconocidos, verá que casi siempre tengo el mismo letrero. Bueno, a ti, chiki, te lo doy luego, vale... No, no es el típico mensaje de No disponible, vuelvo enseguida, estoy al teléfono, salí a comer, o estoy durmiendo, estoy viendo la tele, no, tampoco. Estoy jugando a los médicos. Ese es mi mensaje, puro y duro. Ahora mismito, estaréis pensando que, menos lobos Caperucita, y lo veo lógico, sino no me explico bien.

Para empezar, no estoy todo el día dale que te pego, como Nacho Vidal, no. Ojalá fuera así, pero desgraciadamente, no. Por mi consulta, ya que estamos hablando de jugar a los médicos, pasan alguna que otra paciente, más bien pocas, diría yo. Pero alguna si que pasa. No soy un licenciado en Medicina, siempre hablando en plan irónico, pero tampoco soy un curandero de tres al cuarto, no. Por ejemplo, Nacho Vidal, volviendo a nombrarle, tiene ya el título de Doctor Honoris Causa...

Y todo este tema sale de que una tarde, triste y gris, bueno, no era triste y gris, pero ¿queda bien, verdad? Esa tarde entre en la tienda de una amiga, nos pusimos a charlar y, no se porque, siempre acabamos hablando de lo mismo, de sexo, sin tapujos, sin cortapichas, digo, sin cortapisas.

Anteriormente, salió el tema de vivir solito, como un servidor, de profesión, Rodríguez permanente. Ella me preguntaba, una y otra vez, que si me alimentaba bien, si solía hacerme habitualmente la comida y la cena. Que almorzar siempre en la calle, es mu malo para el bolsillo y para el estómago, según me dijo ella. Y que si comía en casa, no debía de tirar de las latas por antonomasia. Aunque digo yo, con rotundidad, que la fabada de la abuela, es insustituible en mi dieta mediterránea.

Pasando ya de temas culinarios, nos metimos en la casa, haciendo gran hincapié en la limpieza y me preguntó también, yo creo que mi amiga es prima de Karmele Marchante, que cosa más preguntona. Que si sabía planchar, le contesté sinceramente que no, que si fregaba, le dije, que a regañadientes, pero si, y me preguntó también que si sabía coser. Mi respuesta fue tajante: “No, no tengo ni puta idea de coser”. No coso na, porque no se ni enebrar la aguja. Si a los calcetines le salen tomates, van directamente al archivo vertical, conocido habitualmente, como papelera o cubo de la basura. Lo que tendría delito es saber coser y no practicarlo. Manda huevos. Es como que yo se jugar a los médicos, pero no lo practico con asiduidad, y claro, se me olvidará. Bueno, tampoco es eso, no estoy a dos velas, pero si a una.

Yo, cuando era joven, todavía lo soy, sabía hablar inglés, pero como no lo he practicado, no se decir nada más que yes. Si en alguna entrevista de trabajo, me preguntan que si hablo el inglés, siempre contesto, yes. Es mu arriesgao, porque como al tío, le de por preguntar algo más, la cagaste Burt Lancaster. Pero la vida hay que tomársela, por lo menos yo así me la tomo, como un riesgo puro y duro. A mi no me va mal así, me va de puta pena, pero sobrevivo, me río y disfruto de la vida, que no se donde lo he leído, son dos días o tres telediarios.

Bueno, muchas gracias, y si me aplaudís, estáis colaborando con los más desfaforecios, como un servidor. Gracias otra vez. Cuidaros mucho, y si alguna está mu malita, que se pasé por mi consulta, no hace falta, ni pedir cita...

Gracias, os debo una Mirinda.